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Final individual en Valencia PDF Imprimir
jueves, 30 junio del 2005

Escala i Corda: Consagrado para la historia

Álvaro iguala los registros de Genovés y Sarasol en una soberbia demostración

Alberto Soldado, Valencia.

Álvaro conquistó ayer su sexto título individual. El campeón de Faura iguala los números de Genovés y de Sarasol y se coloca entre los grandes de la historia de este deporte. Derrotó a Genovés II por 60 a 45 tantos tras una soberbia demostración de juego. Una victoria sin paliativos, convincente de principio a fin. Lo hizo ante una afición que llenó a rebosar las gradas del trinquete dos horas antes del comienzo del duelo y que acabó rendida, de forma casi unánime, ante la exhibición del zurdo.


El de Faura llevó siempre la iniciativa y nunca perdió la compostura. Llegó a la cita en plenitud física. Sabe Álvaro que en el deporte moderno, y la pelota se está modernizando, el carisma y las manos no son suficientes. El primer valor es el físico. A la media hora el pelotari de treinta y dos años parecía el de veinticuatro y el de veinticuatro parecía el de treinta y dos. Además, el de Faura ya no es aquel pelotari impetuoso de sus principios, cargado de limitaciones técnicas. Hoy es un jugador que usa con criterio las dos manos, las dos, y que se permite el lujo de ofrecer golpes tan complicados en este deporte como las dejadas. Esa que hizo de volea con el 40 a 30 fue magistral. No recuerdo ninguna como esa en la historia del Individual. Fue un gesto de confianza y de seguridad en sus fuerzas que acabó destrozando las alicaídas esperanzas del joven aspirante.

Álvaro fue superior en los conceptos exigidos para el mano a mano. Fue mejor en su respuesta psíquica, en su respuesta física y en su respuesta técnica. En esta dura oposición al reinado de la pelota hay que ser perfecto en esos registros. Y además tuvo la ayuda de muchos seguidores que esta vez colocaron una enorme pancarta para recordar quién era el campeón. Funcionó.

Los jóvenes llegados desde Genovés ofrecieron un especial colorido, insistieron con el corazón abierto en ayudar a su ídolo, éste les correspondió entregándose con toda la generosidad de quien sueña con tocar la gloria pero no fue suficiente. Se encontró con un jugador en plenitud, con la fuerza y la madurez de un maestro que no desaprovechó las oportunidades. En la lucha de los gestos el de Faura también superó al de Genovés. Desde el principio actuó como campeón: se preocupó del aquel golpe de Jose, le consoló en la derrota, felicitó a la madre del rival y después lo disfrutó con los suyos sin disimulos pero sin estridencias. Perfecto. Señores, ante Álvaro hay que quitarse el sombrero. Y a José habrá que animarle y aconsejarle sobre los deberes que debe superar si quiere ser el campeón.
 
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