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JUGADORES DE PELOTA MIXTECA INVESTIGAN LA HISTORIA DE ESTE
DEPORTE, CON RESPALDO DEL PACMyC
Elisa Ruiz
 Son pocos los herederos de esta tradición que practican hombres de hasta 70 años de edad. Ejutla de Crespo,
Oax.- Quienes aún lo practican se muestran orgullosos de ser herederos de un
juego prehispánico con más de tres mil años de antigüedad y al mismo tiempo se
sienten obligados a transmitirlo a las nuevas generaciones a fin de garantizar
su existencia. Los jugadores de pelota mixteca, viejos en su mayoría, están
convencidos de que este juego no morirá, pero a la vez les preocupa que sus
hijos y nietos no se interesen en él por considerarlo caduco y
aburrido.
Investigadores como
Miguel León Portilla y María Teresa Uriarte han publicado diversos trabajos
sobre el juego de pelota cuya referencia documental más antigua procede del
Códice Borgia; pero en la práctica se trata de un deporte transmitido de padres
a hijos por tradición oral.
En este municipio el
juego de pelota mixteca lo practica una decena de seguidores cuyas edades
oscilan entre los 55 y los setenta años de edad. Los más viejos ya no ocupan su
lugar en el patio de juego, sino alientan a sus compañeros desde afuera y animan
a los jóvenes para que se acerquen y aprendan este deporte que aseguran, los
mantiene anímica y físicamente en buenas condiciones.
Domingo a domingo al
filo del medio día empiezan a reunirse los jugadores cargando un guante de piel
relleno con clavos que pesa entre cinco y siete kilogramos, el cual sirve para
golpear la pelota de caucho. Entre bromas, al pie de un gigantesco sabino,
marcan con cal los límites del pasajuego, una cancha de cien metros de
largo por once de ancho.
"¿Ya llegaste
viejo?" le preguntan a Guillermo Canseco, de setenta años de edad. "Ya vine
-responde- dejé hecha a comida y lavada la ropa, porque si no, mi mujer no me da
permiso". Todos se carcajean.
Guillermo Canseco
Reyes, uno de los promotores más entusiastas del juego de pelota, ofrece su
testimonio: "Tengo setenta años, 40 de ellos jugando. Agarré el juego desde los
16 años pero ahora él me agarra a mí y lo hace todos los domingos a buena hora.
He jugado contra quintas (equipo de cinco jugadores) de Tilcajete, Ocotlán,
Etla, Ayoquezco y El Mogote. En México he ido al parque Balbuena. Aunque ya
estoy viejo y me falla la vista sigo con el juego porque la pelota es grande y
medio la veo.
Pero aunque sea
arrastrándome llegaré al pasajuego hasta que me muera porque soy jugador
de hueso colorado. Siempre lo hago para divertirme y divertir a otros, no he
sido un gran jugador pero realizo lo que puedo. De mis cinco hijos ninguno lo
practica; a veces vienen a vernos jugar pero no les llama la atención. Nada más
que estén un poquito más grandes animaré a mis nietos".
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