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Sobre el juego de pelota
La jornada: 2005/07/04
Mexico. Distrito Federal
Señora directora: En mi niñez y parte de mi adolescencia acudí a los llanos
de Balbuena, a veces para practicar futbol, a veces para jugar frontón de mano.
Casi siempre -porque me quedaba de paso- me detenía a mirar un rato el juego de
pelota mixteca que por esa zona se sigue practicando. Y mi mente volaba tratando
de imaginar cómo habría sido este juego en otros tiempos, ya tan remotos.
La vida me llevó por otros lados. Al volver un día, al ir al encuentro
de las canchas de frontón (que se ubicaban en la contra pared del campo de tiro
de la policía), me topé con que ese espacio había sido devorado por una
construcción, al parecer de la propia policía. Desolado me pregunté y me sigo
preguntando por qué el poder se arrogaba el derecho de robarme un trozo de mis
recuerdos.
El juego de pelota en cualquiera de sus modalidades
representa, no sólo para quienes lo practican, sino para todos aquellos que nos
negamos al olvido, parte de la memoria viva de nuestro espléndido pasado
precolombino.
En lo particular si, como se menciona en ese diario, en
una nota del 26 de mayo pasado, la cancha de pelota mixteca que se ubica en el
deportivo Venustiano Carranza va a desaparecer, para dar cabida a un
estacionamiento para la Cámara de Diputados, sentiría la misma indignación,
tristeza, nostalgia, frustración y coraje que cuando vi desaparecer mis canchas
de frontón y los mismo sentimientos que cuando veo cómo, sin consultar con
nadie, quienes nos gobiernan destruyen o modifican inmuebles o lugares que son
caros a nuestra memoria.
Por otro lado, ¿para qué quieren los
legisladores un espacio más para estacionar sus vehículos? Si la regularidad
para asistir a su trabajo no ha sido precisamente cualidad que les sea
característica. Una buena solución podría ser arrancar un sitio al recinto
legislativo para habilitarlo como estacionamiento. Ese lugar parece estar
siempre vacío: vacío por la inasistencia de sus integrantes; vacío por la falta
de proyectos inteligentes.
Los libros de texto se modifican para dictar
que nuestra historia comienza a partir del advenimiento de los españoles, se
construyen centros comerciales invadiendo zonas arqueológicas. Quieren
desaparecer un espacio que, a lo largo de más de 50 años, ha procurado atrapar
parte de aquella magia que iluminó a nuestros antepasados.
Nos quieren
sin memoria; es parte del proyecto totalizador y esclavizante de nuestros
ilustres gobernantes.
Gustavo López
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